OPINIÓN: ASEGURAMIENTO DE LA CALIDAD DE LOS PROGRAMAS DE MEDICINA HUMANA UNA PROPUESTA INICIAL PERFECTIBLE

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POR: MANUEL MAYORGA ESPICHÁN
Director Nacional de Ciencias de la Salud en la Universidad Privada del Norte

Luego de la promulgación el 2014 de la Nueva Ley Universitaria (NLU) y la creación de la Superintendencia Nacional de Educación Superior Universitaria (SUNEDU) se inició en el Perú el proceso de verificación de las Condiciones Básicas de la Calidad (CBC) y Licenciamiento Institucional. Cuatro años después de iniciado el proceso, 62 de las 145 universidades y dos Escuelas de Posgrado han conseguido superar esta evaluación de la calidad universitaria y a seis se les ha denegado la licencia para seguir funcionando.

De otro lado, a mediados del mes de diciembre del año pasado, la SUNEDU presentó el “Proyecto de modelo de licenciamiento del programa de pregrado de medicina” y el proyecto de “Reglamento del Procedimiento de Licenciamiento del Programa de Pregrado de Medicina” con la finalidad de recoger comentarios, observaciones o sugerencias de la comunidad universitaria, los grupos de interés y la ciudadanía en general. Es importante hacer notar que en la actualidad existen 51 programas de medicina humana de 45 universidades con aproximadamente 35,000 estudiantes. De estos programas, 25 corresponden a universidades que ya cuentan con el licenciamiento institucional SUNEDU (16 privadas y 9 públicas) y 26 universidades en proceso de licenciamiento (13 privadas y 13 públicas).

POR: MANUEL MAYORGA ESPICHÁN
Director Nacional de Ciencias de la Salud en la Universidad Privada del Norte

El modelo propuesto por SUNEDU, considera 32 indicadores en 8 dominios: propuesta académica, investigación, organización administrativa, desarrollo del programa académico, infraestructura & equipamiento, seguridad & bienestar de los estudiantes, transparencia y programas nuevos. Es posible que varias universidades que ya cuentan con licenciamiento institucional vayan a desistir de ofrecer programas de medicina humana y otras tantas con programas de medicina no conseguirán la licencia institucional –condición sine qua non para poder someter a evaluación un programa de medicina ya existente o nuevo- por lo que desaparecerán del sistema educativo, con la consiguiente reducción cuantitativa de la oferta. Si bien es cierto el estado tiene la obligación de resguardar la calidad de atención y seguridad de los pacientes, garantizando –entre otras cosas- la adecuada formación de los Recursos Humanos en Salud (RHS), también es importante recordar que los RHS son recursos escasos. Así, un reporte reciente del Observatorio de Recursos Humanos en Salud (ORHUS) del MINSA evidencia que la densidad de RHS al 2017 era de 31.9 por 10,000 habitantes, lo que está por debajo de los 44.5 que recomienda la Organización Mundial de la Salud (OMS) y que hay un déficit de por lo menos 28,000 RHS (incluyendo 16,630 médicos) a nivel nacional, sin considerar las enormes inequidades existentes por regiones y nivel socio-económico.

Una mirada inicial al modelo propuesto por SUNEDU evidencia varias oportunidades de mejora que permitirían modernizar la educación médica actual. Así, por ejemplo, se exige que el programa cuente con 13 laboratorios tradicionales (histología, fisiología, microbiología, parasitología, bioquímica, farmacología, patología, química, biología, física y otros) algunos de los cuales usan animales de experimentación (prohibido en muchos países) o cadáveres (anfiteatro anatómico) donde los estudiantes “aprenden cómo funciona la vida a través de la muerte”. Muchos de estos antiguos laboratorios han sido remplazados en varias escuelas de medicina de otras partes del mundo por espacios multifuncionales “secos” con las nuevas herramientas que el avance tecnológico ha puesto a nuestra disposición con evidencia empírica de mejores resultados de aprendizaje. Las metodologías activas, la educación interprofesional y contextualizada, así como la simulación clínica (considerada como “opcional” en el modelo propuesto) son otros ejemplos de oportunidad de mejora en la formación de los futuros médicos, más aún cuando recientes reportes del MINSA evidencian el fracaso de la formación tradicional en el desarrollo de competencias para la práctica en el primer nivel de atención, así como los bajos promedios en el examen nacional de conocimientos (ENAM).

Otra importante oportunidad de mejora está relacionada a los campos de formación profesional. Hay que recordar que los campos de formación de los futuros profesionales de la salud no sólo son “clínicos” (salud individual en hospitales), sino también “socio-sanitarios” (salud colectiva) y de gestión administrativa. ¿Cómo podemos reclamar médicos con un perfil de egreso que les permita desenvolverse adecuadamente en el primer nivel de atención -donde se encuentra el 85% de los problemas de salud de la gente- si seguimos empeñados en enviarlos a los hospitales del tercer nivel? Para nadie es un secreto que nuestros hospitales tienen enormes carencias materiales, se encuentran sobresaturados de estudiantes que en el mejor de los casos son sólo observadores ya que la mayor parte del tiempo están recibiendo clases teóricas en aula dictadas por médicos en sus horas de trabajo asistencial. Es importante también resaltar que en el contexto actual el riesgo mayor es la exposición innecesaria al mal ejemplo de algunos malos profesionales (siempre es más fácil aprender lo malo) que laboran en “sedes docentes” que nunca han sido evaluadas y mucho menos acreditadas para este propósito.

Como podemos ver, la propuesta de SUNEDU se presta para un gran debate que permitiría optimizar el modelo de evaluación con la finalidad de contar con los profesionales de la salud que el país necesita. En ese propósito es necesario que los plazos de recepción de observaciones y propuestas sean más amplios, más aún cuando todavía no culmina el proceso de licenciamiento institucional. La propuesta es un buen punto de inicio, pero aún tenemos mucho camino por recorrer. Debemos aprovechar esta oportunidad única para reformar la enseñanza médica en el Perú, de lo contrario seguiremos formando “excelentes profesionales para un mundo que ya no existe”.