DR. MILKO GARCÉS: “SOY FELIZ CORRIENDO OLAS O SALVANDO UNA VIDA”

El Dr. Milko Garcés (46), nació en Lima y junto con él una gran vocación para la medicina. Y es que desde sus cortos nueve años ya había decidido que un día sería médico. Los años pasaron y con el tiempo cumplió esa promesa. Hoy es un reconocido Cirujano Oncólogo Mastólogo con gran sentido de humanidad. Su profesión le ha dado la oportunidad y la satisfacción de arrebatarle vidas a la muerte, quizá no tantas como desearía, pero sí todas las que han sido humanamente posibles. Su secreto ha sido el trabajo duro en equipo, así suele llamar a la relación que sostiene con sus pacientes en el proceso de lucha contra el cáncer.

Sin embargo, muy pocos pacientes, amigos o colegas saben que tiene una segunda pasión en la vida, el surf, una actividad que practica desde niño y que hoy es feliz compartiéndolo con sus hijos. De hecho este deporte lo ha llevado a él y a su familia a visitar diferentes playas del mundo, buscando siempre correr las mejores olas de la mano de su vieja tabla de surf.

 ¿Qué siente cuando está en el mar?

¡Me siento en equilibrio! Es algo que todos necesitamos en la vida. Y me he dado cuenta que eso también me ayuda a recargar energías, sobre todo cuando lo hago junto a mis dos hijos. Quizá por eso siempre viajamos hacia algún lugar donde podamos correr olas.

¿Ellos también corren olas?

Sí, claro, aprendieron imitando, jugando y practicando cuando eran niños.

¿Nunca pensó en dedicarse al surf?

¡No! Cuando yo era niño el surf no era un deporte popular y quienes competían profesionalmente se dedicaban a eso. Yo, en cambio, era un buen alumno en la escuela y para mantener esas buenas notas me tocaba dedicarme a estudiar. Sólo me permitían disfrutarlo los fines de semana o en las vacaciones.

¡Y seguro que nadie lo sacaba del mar!…

Jajaja… ¡salía voluntariamente cuando ya estaba agotado y convertido en una pasita!

¿Sigue siendo igual ahora?

¡A veces! No puedo darme el lujo de ir tanto como quisiera, por el trabajo, los compromisos laborales y también los académicos.

Además de sus veranos en las playas, ¿qué más recuerda de su infancia?

¡Que era muy travieso, una pata de Judas! También teníamos una familia muy unida. Hoy trato de hacer lo mismo con mi familia y por eso busco compartir cosas con cada uno de mis hijos y mi esposa.

¿Qué tan travieso era?

Recuerdo que por algún tiempo nos fuimos a vivir a Brasil por el trabajo de mi padre y vivíamos en un cuarto piso. Tenía solo seis años cuando un día se me ocurrió limpiar las ventanas del departamento desde la parte de afuera.

¿No le dio miedo?

No, recuerdo más bien que salí por la ventana como si estuviera muy acostumbrado a hacerlo. Lo malo es que ni bien lo hice, mi hermana menor aprovechó el momento para hacerme una broma  y cerrarme las ventanas. Solo un pedazo de piso de 10 centímetros me salvaba de una caída brutal.

¿Y qué hizo?

Cuando me vi en esa situación, solo me quedó gritar: ¡Mamá! ¡Mamá! ¡Una y otra vez hasta que me escuchó! ¡Jamás olvidaré su rostro, se puso tan pálida que parecía que se iba desmayar! Su siguiente reacción fue correr hacia mí, decirme que no me moviera. Luego abrió la ventana y me agarró tan fuerte que logró bajarme y ponerme a salvo de un solo tirón.

¡No medía el peligro!

Creo que no, creo que era muy temerario. Y en realidad, nunca llegué a darme cuenta de semejante travesura hasta cuando tuve a mi primer hijo y viví algo parecido.

¿Qué paso?

Cuando él era pequeño, nosotros vivíamos en un segundo piso. En un pequeño descuido, el niño se paró en un mueble y se asomó por la ventana. Me parecía verme a mí mismo, con menos edad y tratando de hacer la misma travesura. Recién en ese momento comprendí la situación, medí el riesgo y pude imaginar lo que mi mamá sintió cuando me vio parado en esa ventana con la posibilidad de morir al mínimo movimiento en falso.

MILKO GARCÉS: Estudió en la Universidad Autónoma de Guadalajara, México. Tiene una especialidad en Cirugía General y Oncológica, una Sub-especialidad en Cirugía Oncológica de mamas, piel y tumores de partes blandas, una Maestría en Salud Pública con mención en Gestión Hospitalaria y un doctorado en medicina

UNA VIDA COMO MÉDICO

¿Qué lo hizo estudiar medicina?

Lo decidí cuando tenía nueve años y mientras hacía una tarea de la escuela. Recuerdo que ese trabajo formaba parte de un curso que me había dejado fascinado, impactado. Fue entonces cuando me dije a mi mismo que sería médico.

¿Qué lo fascinó tanto?

El querer saber, conocer y entender cómo funciona nuestro cuerpo.

¿Cómo tomó su padre esa decisión?

Como la mejor porque cuando empecé la universidad me convertí en su engreído por algún tiempo… jajaja…

Debió resultarle difícil la carrera…

No, porque era algo que me apasionaba. ¡Aunque reconozco que requiere muchos sacrificios!

¿Cómo cuáles?

De sacrificar tiempo con tu familia o amigos. Los médicos jamás tenemos feriados y muchas, muchas veces tenemos que trabajar mientras tus amigos o la familia están festejando un Año Nuevo o un evento familiar importante. ¡A pesar de todo eso, para mí esto ha sido toda una aventura!

Una aventura que lo llevó hacia la oncología…

Sí, cuando atendí mi primer parto recuerdo que quise ser ginecólogo y cuando atendí a mi primer recién nacido, pediatra; pero hubo algo que siempre estuvo presente: el bichito por la cirugía. Cuando llegó el momento de tomar una decisión, seguí a mi corazón y elegí la especialidad de Cirugía General y Oncológica.  Luego, con los años, fui sumando otras especialidades, una maestría y un doctorado que me han traído hasta la oncología. ¡Y no me arrepiento!

¿Creyó alguna que sería oncólogo?

¡Jamás! ¡Era más bien de los que creía firmemente que para ser oncólogo había que estar loco!

¿Por qué?

Porque creía que todos los pacientes se te morían. ¡Pero mentira! En el camino descubrí que uno puede hacer mucho por los pacientes, como salvarles la vida o darles calidad de vida.

¿Qué es lo más difícil de su especialidad?

Atender a niños con cáncer. ¡A ellos les falta tanto por vivir! ¡Siempre reconocemos como una injusticia de la vida ver a un niño con cáncer!

¡Pero también debe haber una parte bonita!

Sí, ver a un paciente ver con sospecha de cáncer, que no tiene cáncer. ¡Eso es lo mejor de mi carrera! Sin embargo, cuando hay un diagnóstico positivo para cáncer, es gratificante verlo superar la enfermedad. Y lo mejor de todo, ver que tus pacientes te aprecian y tú a ellos…

Muchos podrían creer que los oncólogos son más bien distantes con los  pacientes…

¡Falso! Si no eres una buena persona, jamás podrás ser un buen médico. ¡La frialdad no nos caracteriza! Personalmente, cuando veo a mis pacientes, veo a una esposa, una madre o un hijo, y sé que cualquier de ellos podría ser, Dios no lo quiera, alguien de mi familia. Y cuando nos toca ver a un paciente al que hemos tratado por 10 años para decirle que ha tenido recurrencia o que ha hecho metástasis, nos conmovemos con la situación porque no somos de piedra. ¡Siempre desarrollamos alguna conexión con los pacientes, indudablemente! Sin embargo, somos los médicos y debemos mantenernos en ese papel para poder seguir ayudándolos.

UNA HERENCIA GENÉTICA

¿Y su esposa también es médico?

Sí, y mis dos hijos también quieren serlo. El mayor tiene 17 y acaba de empezar la carrera; el que tiene 15 también quiere ser médico, pero vamos a ver si mantiene esa decisión.

¡Eso debe significarlo todo para usted!

Por un lado me hace feliz, pero por el otro me genera incertidumbre. Y es que bajo estas circunstancias, a veces los hijos quieren seguir medicina porque es lo que han visto hacer desde siempre a sus padres. ¡Yo les daré todo mi apoyo sin importar si siguen mis pasos o no porque quiero que ellos estudien lo que realmente anhelan!

 

EL AMOR CON EL PASO DE LOS AÑOS

¿Cuantos años de casado?

Mi esposa y yo tenemos 18 años de casados. Y antes de casarnos mantuvimos una relación de 9 años.

Increíble, ¿Cuál ha sido el secreto?

El respeto como pareja, como profesionales, como padres y el querer continuar manteniendo ese amor. Por mi parte, soy detallista con ella y también amoroso. Quizá la suma de la comprensión, de las cosas que tenemos en común como la profesión y el proyecto de vida de juntos, nuestros hijos, nos han permitido amarnos más con los años.

¿Y cómo nació el amor?

La verdad es que al inicio nos caíamos mal, hasta que un día – en un paseo universitario- la salvé de un accidente a caballo. Aunque creo que no todo salió bien porque luego de salvarla y de regreso hacia donde nos estaban los buses que nos llevarían de regreso a la ciudad, el caballo me botó a una laguna. ¡Obviamente todos nos esperaban solo a nosotros y provocamos sin querer un retraso en nuestro retorno a la ciudad!

¡Como de película!

Jajaja… sí, lo más gracioso es que luego tuve que rogarle a ella que abogara por mi ante mi papá. Yo sabía que si mi padre no recibía una buena explicación iba a caerme no solo un sermón, sino una buena regañada. Y pues, en realidad, todo lo ocasionado había sido por salvarla de un caballo loco que se iba a desbocar contra una reja de púas.

¡Y eso cambió la forma en que se veían el uno al otro!

Sí, nos hicimos los mejores amigos y poco después empezamos una relación que hemos sabido mantener en el tiempo.

Siendo que sus hijos quieren ser médicos igual que usted ¿qué le gustaría decirles?

¡Ellos saben que esta carrera es dura, apasionante pero es dura! Me gustaría decirles que nunca olviden que la pasión por lo que uno hace y el trabajo duro los llevará a donde deseen. Y que sigan trabajando, esforzándose y confiando en Dios aunque vean las cosas color de hormiga, porque siempre habrá una salida positiva al final de cualquier situación. ¡Y lo mismo le digo a mis pacientes todo el tiempo, porque estoy convencido que solo el esfuerzo te lleva hacia donde quieres!

DATO: El Dr. Milko Garcés, cirujano oncólogo mastólogo, se desempeña como médico en la Clínica Montesur.